GRATITUD

La gratitud es una  de las emociones más  positivas que tiene el ser humano.
Su finalidad es fijarse en las cosas que nos pasan en nuestra vida y dar las gracias por ello.
Pero yo diría que no solo de las cosas positivas y buenas debemos dar gracias.
Si no también de las cosas negativas que nos pasan en nuestra vida, también debemos dar las gracias. Pues precisamente estas son las que nos enseñan si aprendemos de ellas y nos hacen crecer.
Además de dar las gracias por las situaciones de nuestra vida que realizamos con normalidad.
A nadie se le ocurre dar las gracias por respirar, dormir bien, comer saludablemente o poder tener dos pies y dos manos para caminar y poder  movernos.
La gratitud nos hace tomar conciencia y valorar las cosas que normalmente ya tenemos y no damos importancia en nuestra vida. Como una vivienda, familia, amistades, trabajo, etc.
Pues la Gratitud es una actitud y un hábito de la vida.

Manera de actuar:

  • Si por la mañana te sientes triste cuando te levantes da gracias.
  • Cuando desayunes, da gracias.
  • Cada vez que tengas un pensamiento negativo, da gracias y veras como se convierte en positivo y no te domina.
  • Cuando una emoción te domine sea positiva o negativa, da gracias y veras como la emoción positiva se mantiene y si es negativa se evapora.
  • Durante el día y cada vez que te venga a la mente, da gracias.
  • Después cuando te vayas a dormir, haz un resumen de tu día y da gracias por ello. Te darás cuenta que el día ha sido más feliz.

Beneficios de la gratitud:

  • Cuando agradecemos los pensamientos positivos llegan mucho más que los que son menos positivos.
  • La gratitud tiene también un efecto positivo en las demás personas cuando agradecemos sus acciones.
  • La gratitud genera confianza, cariño y empatía en las otras personas.
  • La gratitud aumenta nuestra conciencia sobre las cosas buenas cuando estas ocurren.
  • La gratitud tiene efectos positivos en nuestro estado de ánimo.
  • La gratitud nos llena de mucha felicidad en nuestra vida.

UN CONSEJO:
EN TU VIDA DIARIA DI SIEMPRE:
GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS.

HISTORIA:
Un joven solicitó un puesto de gerente en una empresa de gran prestigio.
Pasó la entrevista inicial y después tuvo una reunión con el director general.
El director descubrió en el currículo que los logros académicos del joven eran excelentes.
Le preguntó: ¿Lograste obtener becas en tu escuela?
A lo que el joven contestó, NO.
-¿Entonces tus padres pagaban tus estudios?
-Mi papá falleció cuando yo tenía un año,  fue mi madre la que pagó los estudios.
Respondió.
-¿Dónde trabajaba tu madre?
-Mi madre era lavandera.
El director pidió al joven que le mostrara sus manos. El joven mostró un par de manos perfectamente suaves y lisas.
-¿Alguna vez ayudaste a tu madre a lavar la ropa?
-Jamás, mi madre siempre prefirió que yo estudiara y leyera. Además, ella lava la ropa más rápido que yo.
Entonces, el director le dijo: Te doy un encargo: cuando vayas hoy a casa, limpia las manos de tu madre y ven a verme mañana.
El joven sentía que tenía gran oportunidad de obtener el empleo. Cuando volvió a casa, le pidió a su madre que le dejara limpiar sus manos. Su madre se extrañó. Le dio gusto, pero con sentimientos encontrados mostró sus manos a su hijo.
Lentamente, el joven limpió las manos de su madre. Las lágrimas bañaron su rostro mientras lo hacía. Era la primera vez que notaba que las manos de su madre estaban muy arrugadas  y llenas de moretones. Algunos le dolían tanto, que su madre hacía gestos de dolor cuando él los tocaba.
Esa fue la primera vez que el joven se dio cuenta de que esas manos lavaron ropa diariamente para que el pudiera ir a la escuela. Las heridas fueron el precio que ella pagó por la educación y el futuro de su hijo.
Al terminar de lavar las manos, el joven silenciosamente lavó el resto de la ropa de su madre.
Esa noche, madre e hijo hablaron por un largo rato.
EL JOVEN AGRADECIÓ A SU MADRE, TODO SU TRABAJO PARA QUE EL CONSIGUIERA SUS ESTUDIOS.
A la mañana siguiente, el joven se presentó en la oficina del director.
El director notó las lágrimas en los ojos del joven cuando le preguntó: ¿Podrías decirme qué aprendiste ayer en tu casa?
El joven contestó: -Limpié las manos de mi mamá y también terminé de lavar la ropa por ella.
-Ahora ya sé lo que es el aprecio. Sin mi madre, no sería el hombre que ahora soy. Al ayudarla, aprendí lo difícil y duro que es tener tus propios logros. Y ahora aprecio la importancia y valor de ayudar a la familia.
El director le dijo: Esto es lo que busco en un gerente. Quiero reclutar a una persona que valore la ayuda de otros, una persona que conozca el sufrimiento de los demás para lograr las cosas y que el dinero no sea el único valor en su vida.
-Quedas contratado.‎

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