Tu alma vive en ti, más allá de lo que ves con los ojos y lo que tocas con las manos. Vive en cada respiro, en cada latido, en cada instante en el que la vida se abre paso dentro de ti. No la busques fuera, porque no habita en las cosas ni en los lugares, sino en lo más profundo de tu ser.
Es la chispa divina que te conecta con lo eterno, la voz silenciosa que te guía cuando todo afuera parece confuso. Tu alma no conoce del tiempo ni de las máscaras; sabe quién eres en verdad, reconoce tu luz y guarda en sí la sabiduría de todos tus caminos.
A veces el ruido del mundo intenta apagar su canto, pero basta con cerrar los ojos, respirar en calma y escuchar. Allí descubrirás que nunca estuviste sola, que dentro de ti existe una fuerza inquebrantable que te sostiene incluso en los momentos más oscuros.
